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Estudios en el país evidencia relación entre las variaciones climáticas y los patrones de comportamiento del dengue y la malaria
David Joa, médico del Centro de Enfermedades Tropicales, ofreció el diagnóstico al referirse a los efectos del cambio climático sobre el dengue y malaria en una disertación en la que partió de un estudio realizado en suelo dominicano.
Santo Domingo, jueves 23 de agosto de 2007
“Los resultados de este estudio evidencian una clara relación no lineal entre los cambios de las variaciones climáticas y los cambios de los patrones de comportamiento de ambas enfermedades de manera diferenciada”. Fue la primera conclusión a la arribó David Joa, del Centro de Enfermedades Tropicales al ofrecer los resultados del estudio sobre el comportamiento del dengue y la malaria.
Sostuvo que los resultados evidencian que el dengue y en menor medida la malaria son enfermedades muy vulnerables a los cambios climáticos y la tendencia que se espera es al aumento de sus casos. Hizo las afirmaciones durante su participación en el seminario sobre “Evidencias del cambio climático en la República Dominicana”, que organizaron la Fundación Global Democracia y Desarrollo y su filial hermana en Estados Unidos, Global Foundation Democracy and Development (GFDD).
El epidemiólogo, coordinador del Programa Nacional de Control de la Malaria, indicó que desde 2001 a la fecha, en el país se han realizado tres estudios que con el objetivo de identificar asociaciones, cambios y tendencias del clima que provocan situaciones favorables para las variaciones de los patrones epidemiológicos del dengue y la malaria, y hacer proyecciones del comportamiento futuro del dengue y la malaria de persistir las tendencias de los cambios climáticos actuales.
Los análisis –dijo- muestran que los impactos atribuibles al estrés climático causados por las variaciones no son nada despreciables y que al conjugarse con las condiciones higiénicas - sanitarias de cada región específica, pueden ocasionar grandes contingencias.
La trascendencia del fenómeno quedó evidencia en su afirmación de que “la mayor parte de las entidades seleccionadas se producirán incrementos o variaciones importantes en la cantidad de casos que se registrarán como consecuencia del cambio climático”.
Al respecto explicó que la importancia de dichos aumentos no radica sólo en el número total de enfermos, sino en que se producirán en meses y temporadas diferentes en relación con su comportamiento actual.
Añadió el dato de algunas de las tendencias y variaciones estacionales, que se proyectan en las enfermedades como consecuencia del cambio climático futuro, ya se están manifestando.
De esta situación sacó otra conclusión relevante: “Esto puede considerarse como un indicio de la validez y consistencia de las proyecciones realizadas”.
Para Joa, la futura existencia de distintos factores de riesgo (grupos de edades, grado de urbanización, inmigración, tipos de asentamiento poblacional, entre otros) pudiera agravar o atenuar los impactos que se han descrito. De hecho, agregó, esto puede considerarse como una de las fuentes de incertidumbre entre otras de las proyecciones realizadas.
Precisó que en cuanto al dengue, los escenarios indican que la región de mayor vulnerabilidad será la Región I, que incluye las provincias de Azua, San Cristóbal, San José de Ocoa y Peravia, donde se deben presentar la mayor cantidad de casos, situación que se debe acentuar al combinarse con las condiciones socioeconómicas y alta proporción de población urbana.
Para las tres regiones estudiadas se confirman la influencia que tiene el cambio climático en las variaciones del comportamiento del dengue y la malaria. Se observa mas claramente que la mayor vulnerabilidad se registra en las Regiones I y III donde se espera riego de moderados a altos, y en menor medida la Región II donde se estiman riesgo de bajo a moderado. La región dos la componen las provincias Espaillat, Santiago y Puerto Playta, y la III las comunidades de Duarte, María Trinidad Sánchez, Salcedo y Samaná.
Joa precisó en la introducción de su exposición que “la comunidad científica no tiene clara las consecuencias de la variabilidad climática sobre la salud humana ya que no han sido totalmente estudiadas y por ello no están reflejadas en las políticas y en los procesos de la toma de decisiones regionales”.
Indicó que por tal razón se desarrollan nuevos estudios de carácter regional y local para esclarecer la sensibilidad a los cambios y las formas de manifestarse en cada región climática partiendo de modelos que intentan describir las interacciones no lineales fuertes, que aunque tienen presente las variaciones no están reflejadas de manera explicita.
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